Alcohol: Finaliza la era del consumo saludable

Un estudio publicado recientemente en The Lancet rebaja la cantidad diaria de consumo de alcohol exenta de riesgo y solo contempla un efecto protector residual. Un mayor consumo de alcohol se asocia con el cáncer, la enfermedad cardiovascular y el daño hepático. Contribuye a muchos accidentes de tráfico, es muy dañino en los jóvenes, interactúa con numerosos fármacos y se asocia a un estilo de vida insano entre otros efectos nocivos.

El debate sobre las repercusiones del consumo moderado de alcohol parece interminable. Las recomendaciones sobre ingesta segura han evolucionado a lo largo del tiempo, de forma que se ha pasado de casi prescribirlo a unas pautas muy restrictivas. Lo que sí se constata es la tendencia a fijar unos márgenes de consumo seguro para la salud mucho más estrechos que hace no demasiados años y a cuestionar los posibles beneficios cardiovasculares o de otra índole del consumo de alcohol.

Un trabajo publicado en The Lancet sigue esa senda y la afianza, con el análisis de los datos de 600.000 personas de 19 países, entre ellos España. La conclusión principal es que un consumo de alcohol superior a los 100 gramos a la semana se asocia con una reducción de la expectativa de vida. Esa cantidad equivaldría a entre 5 y 6 copas de vino a la semana, lo que supone una cantidad sensiblemente inferior a la comúnmente aceptada en países como el nuestro.

Otro punto relevante del trabajo, es que un mayor consumo de alcohol se relacionaba con un riesgo superior de ictus, insuficiencia cardiaca, hipertensión arterial mortal y aneurisma de aorta. Para todas estas condiciones no se apreciaron umbrales de consumo por debajo de los cuales se atenuase el riesgo de enfermedad. En cambio, el consumo bajo de alcohol se vinculó con un menor riesgo de infarto de miocardio no mortal.

Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Salud Pública en la Universidad de Navarra, reconoce que la relación entre ingestión de alcohol y salud es “un asunto complejo”. Aprecia que el nuevo estudio “solo valora la cantidad consumida a la semana en grados de alcohol, pero no tiene en cuenta aspectos como la fuente -no es lo mismo el vino que el vodka- o el patrón de consumo, que cambia mucho de un país a otro. En lo que se refiere al patrón de consumo, cree que el mediterráneo se distingue de otros, sobre todo, en que suele tener lugar durante la comida y de forma espaciada.

Martínez-González apunta que, en relación con otras enfermedades, como el cáncer de mama, no puede hablarse de un consumo seguro, sino que cualquier cantidad de alcohol incrementa el riesgo. Asimismo, señala la importancia de segmentar el mensaje. Dejando aparte los colectivos en los que existe consenso sobre el consumo nulo (embarazadas, menores, ciertos enfermos, conductores…), estas serían sus recomendaciones: en hombres menores de 45 años y mujeres menores de 55, “alcohol cero”.

En edades inferiores a esos cortes, explica el experto, las causas de muerte están muy relacionadas con los accidentes de tráfico, los suicidios o el cáncer de mama, que aumentan “incluso con pequeñas cantidades de alcohol”. En cambio, a partir de esas edades “empieza a subir el riesgo de infarto, frente al que el alcohol puede proteger”. Ahí jugaría un papel el consumo moderado. En todo caso, aclara que, como médico, “jamás aconsejaría a nadie el inicio del consumo de alcohol”.

Cambio de actitud

Francisco Pascual, de la Sociedad Española de Estudios sobre el Alcohol, cree que el nuevo estudio contribuirá a desinflar los consumos de alcohol que se consideraban seguros, pero también a “cambiar el chip y dejar de hablar de que existen cantidades protectoras”.

Para Paola Beltrán, de la Sección de Riesgo Vascular de la Sociedad de Cardiología, los resultados del estudio son esclarecedores porque “partimos de una situación de mucha incertidumbre”. En cuanto a los resultados, cree que apuntalan el cambio de actitud: “Hemos pasado de creer que existen ciertos niveles de protección a considerar que no existe ningún nivel de consumo protector”.

Por tanto, si consumimos alcohol debemos hacerlo en cantidades bajas e informarnos previamente de sus potenciales efectos adversos.

Fuente: Diario Médico, 30 Abril 2018