Carmen Cenzano Gutiérrez

39 años
Zaragoza

Carmen no le daba importancia a tener cifras de colesterol elevadas, lo consideraba un factor de riesgo más, hasta que el 1 de enero de 2001, cuando tenía 32 años, sufrió un infarto de miocardio. A partir de entonces llegó el tratamiento. “Mi cardiólogo no quería que me quedara embarazada porque tenía mucho riesgo, hasta que llegué a una edad que me dije “ahora o nunca”. En el fondo, recuerda, “yo pensaba que quizá podría quedarme embarazada, igual no había hecho todo lo que había podido”. Así se encontraba hasta que el doctor que le trataba del colesterol le expuso que existía una posibilidad de quedarse embarazada: tratarse en Madrid mediante LDL-aféresis, un procedimiento que elimina en buena parte el colesterol excesivo de la sangre, de un modo similar a la diálisis renal. “Así que me quede embarazada, suspendí toda la medicación y a partir del cuarto mes iba al hospital Gregorio Marañón, en Madrid, porque en Zaragoza no estaba disponible, al principio cada dos semanas y al final cada diez días”, de manera que ella, que tiene un colesterol basal cercano a 500, conseguía estar en torno a 250-300. El tratamiento no resultaba, dice, ni doloroso ni molesto, solo tenía la incomodidad de tener que trasladarse, embarazada, con tanta frecuencia a Madrid. Ahora está “encantada, mi ilusión era tener mi niño, sentir la maternidad, y aunque me decían que siempre había un poco de riesgo, yo no lo he vivido como riesgo”. Y la historia tiene un final feliz: Javier, “un niño precioso”, de dos meses y medio. Y ella ha vuelto a su medicación y está “mejor que antes del embarazo”, según sus últimos análisis.