Aceite de coco: cuando lo “natural” no siempre es saludable

En los últimos años, el coco y el aceite de coco se han puesto de moda y a menudo se presentan como opciones “saludables”. Sin embargo, el aceite de coco no puede considerarse una elección saludable. No lo es para la población general y resulta especialmente perjudicial en personas con Hipercolesterolemia Familiar (HF), en quienes el cuidado de la salud cardiovascular es prioritario.

El coco y sus grasas

El coco y sus derivados (aceite de coco, manteca de coco, leche de coco) contienen una cantidad muy elevada de grasas saturadas.
Para entenderlo mejor con ejemplos:

  • Aceite de coco: alrededor del 90 % de su grasa es saturada. En una cucharada sopera (unos 14 g), más de 12 g son grasa saturada.
  • Manteca de coco: aproximadamente un 85–87 % de grasas saturadas.
  • Leche de coco: puede aportar entre 5 y 9 g de grasa saturada por cada 100 ml, según la concentración.

Las grasas saturadas aumentan el colesterol LDL (“colesterol malo”), algo especialmente preocupante en pacientes con HF, que ya presentan cifras elevadas de colesterol por causa genética.
Aunque en algunos mensajes se sugiere que el aceite de coco “no es tan perjudicial”, la evidencia científica demuestra que eleva el colesterol LDL, por lo que no puede considerarse una opción saludable.

La importancia de elegir bien las grasas

Para la población general y especialmente para las personas con Hipercolesterolemia Familiar, elegir adecuadamente el tipo de grasa es fundamental.
Las recomendaciones actuales son claras: es necesario reducir al máximo las grasas saturadas y priorizar las grasas insaturadas, por su papel clave en la prevención de la enfermedad cardiovascular.

El aceite de oliva: la mejor opción

El aceite de oliva, pilar de la dieta mediterránea, es la grasa más saludable y la opción de elección para toda la población.

Sus beneficios van mucho más allá del colesterol:

  • Ayuda a reducir el colesterol LDL.
  • Aporta antioxidantes y compuestos antiinflamatorios.
  • Se asocia con menor riesgo de enfermedad cardiovascular.
  • Contribuye a prevenir el deterioro cognitivo, el desarrollo de diabetes e hipertensión y ciertos tipos de cáncer.

Por todo ello, el aceite de oliva virgen extra debe ser la grasa principal para cocinar y aliñar, tanto en crudo como en la preparación de alimentos.

¿Se puede consumir coco?

El coco puede consumirse de forma ocasional, pero no debe utilizarse como grasa habitual ni sustituir al aceite de oliva.
Además, conviene recordar que el aceite de coco es aproximadamente el doble de caro que el aceite de oliva virgen extra y no aporta beneficios para la salud.

En resumen

  • El aceite de coco es muy rico en grasa saturada (≈90 %).
  • Las grasas saturadas aumentan el colesterol LDL.
  • El aceite de oliva virgen extra, estandarte de nuestra dieta mediterránea, es la grasa de elección por ser la más beneficiosa para la salud.
  • Elegir aceite de oliva cada día es una decisión sencilla que protege la salud cardiovascular y general.

Para terminar, una reflexión

Si nos dijeran que existe una cápsula milagrosa capaz de prevenir la enfermedad cardiovascular, el envejecimiento celular, la diabetes, la hipertensión y el deterioro cognitivo, la mayoría de las personas la compraría sin dudarlo, independientemente de su precio.
Sin embargo, todos estos beneficios los obtenemos a diario con el aceite de oliva virgen extra dentro de una alimentación saludable. Tal vez, precisamente porque es tan nuestro y tan de toda la vida, no le damos la importancia que realmente merece.